No soy una persona que se enfade normalmente, es más, la mayoría de personas a las que conozco pueden decir que nunca me han visto enfadada.
Pero aquel día el vaso rebosó, tenía (y tengo) problemas en casa, me tacharon un ejercicio por completo porque no había escrito las respuestas en mayúsculas lo cual hizo que suspendiera, además de que simplemente no tenía un mal día. Y el que un ex-amigo mío que me dejó de hablar porque sí, se pusiera a hablar con mi hermana y mi mejor amiga (las cuales estaban al lado mía) cuando volvía a casa ya me sacó de quicio.
No hay cosa que más me moleste que me hagan el vacío así porque sí, y me jode aún más que fuera un gran amigo mío. Lo primero que hice fue preguntarle si iba a ser un hombre y decirme el porqué venía ese repentino comportamiento o iba a ser un niño pequeño y seguir ignorándome. Mi amiga me apoyó exigiendo explicaciones y él se hizo la víctima ante ella pero sin dar ninguna razón.
Y ya sé que era una real tontería, que no debería haberle prestado atención, pero eso y que llevaba varios días malos hizo que apretara los puños, y perdiera el control.
Afortunadamente todo solo acabó con un rostro completamente acojonado mirándome a la cara (a pesar de que me sacaba como dos cabezas) y puede que le gritase algo, pero no recuerdo nada. Ese instante en el que lo agarré está completamente negro para mí y un recuerdo inseguro de quizás haberle gritado algo, suspiré y me fui en cuanto volví en mí aún temblando.
Y es así como descubrí lo que realmente es la furia, con un motivo tonto y con alguien que no era digno para ello. Así que hay que tener cuidado y desahogarse de vez en cuando para evitar que el vaso rebose y lo lamentemos luego.
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